“Jairo y Jesús”

Predicado el domingo 23 de Marzo del 2003   pm.

 

Texto: Marcos 5:21-24 -35-36

 

Introducción:

 

Vemos en éste pasaje a dos hombres totalmente

diferentes.  Sus nombres, Jairo y Jesús.  Originarios de 2

ciudades diferentes, Jairo de las afueras de Galilea y Je-

sús, de Nazareth de Galilea.

 

Jairo tenía un Problema

Jesús tenía la respuesta al problema de Jairo.

 

Jairo era:

1.- Un hombre rico

2.- Un hombre de influencias

3.- Un hombre muy culto

4.- Un hombre inteligente

5.- Un hombre famoso

6.- Un hombre religioso

7.- Un hombre sin complejos


Jairo tenía aparentemente todo lo que cualquier hombre

o mujer en la vida necesitan para ser felíz.  PERO... vivía

atormentado por un problema que le quitaba la vida.

 

Su hijita estaba condenada a la muerte!

No había solución humana para su estado!

Su dinero, su cultura, sus influencias, su poder e inclusive

su religión se conviritieron en incapáces de darle lo que

más quería.

 

Pero en ese tiempo, andaba por todas las regiones de

Galilea un hombre llamado Jesús, le llamaban el de Na-

zareth.  Multitudes lo seguían, en su presencia, los ciegos

miraban, los paralíticos caminaban, los leprosos eran lim-

piados de su lepra.  Todos los que llegaban a Jesús con

la salud quebrantada y los sueños hechos pedazos, regre-

saban a sus casas y a sus ciudades en paz, sanados

y empezaban a ver la vida con una nueva dimensión.

Algo le decía a Jairo que su esperanza estaba en

Jesús!

 

Tenía un dilema!  Cómo Jairo, siendo tan importante

como lo era, iba a seguir a Jesús, ya que a Cristo

solamente lo seguían los ladrones, prostitutas, enfer-

mos terminales, lunáticos, leprosos y miserables.


Pero los días pasaron y la niña empeoró, al ver a su

hija muriendo:

 

* Muchos somos así

* Nos acercamos ya cuando las cosas están

  muy complicadas

* Deberíamos ser todo lo opuesto

* Buscar ayuda antes de que sea demasiado

          tarde.

Jairo no resistió más!

 

Jairo cayó ante los pies de Jesús!

 

La hija de Jairo murió!

 

Quizá muchos nos dirán que ya no hay esperanza!